LOS MAESTROS DEL COMUNICADOR
Por Lic. Loc. Mario Alberto Escutia
Para formar
buenos locutores hay que tener buenos maestros, no solo en las escuelas, también
en el trabajo o la vida diaria. La diferencia entre el profesor y el maestro es
la vocación, la experiencia y el titulo de experto que reconoce el alumno en
ellos, más allá del título legal o el respaldo de una institución o escuela.
Honrando a
todos los maestros que el protagonista de la tesis ha tenido, se permite recordar e incluir un caso curioso donde el
encargado de formar a los alumnos tenía un carácter inflexible y misógino.
Entre su cátedra de ética remataba frases con groserías y hacia chistes
incómodos a las compañeras de una manera natural que quizá no se daba cuenta.
De ninguna
manera se justifica el ser “chapados a la antigua” cuando se está al frente de
una clase, etiquetando o limitando (consciente o inconscientemente) a los
alumnos de acuerdo a lo que el maestro cree que pueden llegar a ser, ya que la
capacidad y el éxito que puede llegar a tener el ser humano, va mas allá de un
título universitario o de un empleo.
Claramente
de estos maestros también se aprende, pero con el paso del tiempo se vuelve
tedioso, desmoralizante y se va viendo como “normal” aquellas faltas al respeto
o incongruencias evidentes; esto por supuesto demuestra su formación de calle y
deja expuesto la carencia de un sentido pedagogo para transmitir sus enseñanzas;
si un maestro de escuela no cree en la moral, es señal de alerta.
